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Hopkins Health
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| "Los avances en términos de equipos modernos de rehabilitación han iniciado un cambio en la forma de pensar,” dice John McDonald, el director del centro.. |
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Un devastador accidente ocurrido mientras practicaba esquí, unos pocos días antes de cumplir 32 años, dejó a Joeri Hilte con ausencia de sensibilidad y escasa movilidad del cuello para abajo. Había sufrido daños en los segmentos C6 y C7 de la columna cervical, una lesión que la mayoría de los médicos consideran irreparable.
Hilte pasó los siguientes ocho meses en un centro de rehabilitación en Holanda, su país natal, donde lo alentaron a que se adaptara a vivir en una silla de ruedas. Pero Hilte no se desanimó. En cambio, hizo ejercicios a un ritmo sobrehumano, y este esfuerzo adicional dio resultados. Recobró cierto control de los tríceps y el movimiento de los dedos. Aun así, los médicos le advirtieron que no debía esperar mayores progresos.
Luego, un amigo le habló sobre el Centro Internacional para Lesiones de Médula Espinal, del Instituto Kennedy Krieger. Allí, Hilte se encontró con médicos clínicos que compartían con él su objetivo de recuperarse. De inmediato, lo iniciaron en un ambicioso programa consistente principalmente en una intensa terapia física y ocupacional.
“Los avances en términos de equipos modernos de rehabilitación han iniciado un cambio en la forma de pensar,” dice John McDonald, el director del centro. “Ahora creemos que la regeneración espontánea de la substancia es posible, incluso décadas después de sufrida la lesión."
De hecho, no pasó mucho tiempo antes de que Hilte volviera a tener sensibilidad en el tronco, luego en los flexores de la cadera y, finalmente, en los cuádriceps y en los tendones del hueso poplíteo. Gracias al intenso trabajo realizado también regresó la sensibilidad a sus espinillas, pantorrillas y pies. Poco antes de que le dieran de alta, logró tomar una lapicera con los dedos y levantarla del piso. Este progreso, señala Hilte, lo ayudó a recuperar su independencia y su capacidad de disfrutar las cosas, ya que podía alimentarse y vestirse por sí mismo y, además, sentir el abrazo de un ser querido.
Seis meses después, Hilte regresó a su hogar y continuó haciendo ejercicio con los aparatos que utilizaba en el Instituto Kennedy Krieger, como la bicicleta eléctrica de estimulación funcional. El equipo a cargo de su tratamiento hizo ajustes a la terapia para transformarla en un agresivo plan de recuperación en el hogar y dio instrucciones al paciente de regresar a Baltimore todos los años. "Ha llegado la hora," dice Hilte, "de cambiar la actitud actual de considerar irreversibles todas las lesiones de la médula espinal."
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