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ABRIL 2004   
   




En primer plano: Las raices del peligro

Dos unidades de cuidados intensivos demuestran que con algunos pasos simples respaldados por evidencia científica se puede disminuir las infecciones.

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Dana Moore, jefa del comité de práctica clínica de la UCIM,  ayudó a dirigir un projecto impplementado en la  unidad que redujo su tasa de infección sanguínea relacionada con catéter.
   
Lo que más les gusta a los médicos es tener datos para respaldar nuevas formas de hacer las cosas, y Roy Brower no es una excepción. Durante los dos últimos años, el Director Médico de la Unidad de Cuidados Intensivos Médicos (UCIM) ha buscado obstinadamente hacer cambios en los procedimientos de inserción de catéteres venosos centrales, movido por el hecho de que la unidad tenía una de las tasas más altas de infección sanguínea dentro del Hospital Johns Hopkins.

Pero el Dr. Brower quería que todos los cambios estuvieran respaldados por las mejores prácticas basadas en evidencia científica. En 2002, por ejemplo, el Hospital cambió su política sobre la inserción de catéteres venosos centrales recomendando que se podía utilizar betadina o clorhexidina para preparar la piel antes del cateterismo. No obstante, el Dr. Brower creía que la evidencia señalaba claramente que la clorhexidina era la que mejor reduciría las probabilidades de infección y trabajó junto con el equipo de control de infecciones hasta conseguir que ésta fuera la preparación de preferencia.

Gracias a la determinación del Dr. Brower, Dana Moore —enfermera clínica especializada y jefa del comité de práctica clínica de la UCIM— y otros, la unidad ha visto una notable reducción de 75 por ciento en sus tasas de infección sanguínea. “Ha sido nuestra mejor anécdota de éxito,” afirma Trish Perl, quien dirige la iniciativa de control de infecciones en el Hospital.

De hecho, en los 18 meses pasados, las tasas de infección sanguínea relacionada con catéter en el Hospital han caído considerablemente por debajo del promedio nacional en varias UCI, de un máximo anual de 235 por cada 1.000 días de catéter hasta cerca de 90. Este logro se debió a la convergencia de esfuerzos encabezados por la Dra. Perl y su equipo de médicos, los equipos médicos de las UCI y, últimamente, el Centro de Johns Hopkins para Innovación en la Calidad de Atención al Paciente.

Pero Hopkins no está solo en la batalla contra las infecciones adquiridas durante hospitalizaciones. Conforme a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), hospitales de todo Estados Unidos están plagados de estos problemas. Los CDC reportan que cada año cerca de 2 millones de pacientes hospitalizados —uno de cada 20 que ingresan— contraen alguna infección no relacionada con su enfermedad, y más de 90.000 de ellos mueren.

Trish Perl comenzó a examinar las infecciones sanguíneas ligadas al uso de catéter hace más de seis años. Fue un proceso lento, que comenzó reuniendo evidencia para demostrar que las inserciones de catéter venoso central encerraban peligro para la seguridad del paciente. “Luego, necesitábamos una política para presentarla a los proveedores de atención,” indica la Dra. Perl. “Nos llevó varios años, pero para 2001 pudimos formular una que reflejaba las mejores directrices de los CDC basadas en evidencia científica.”

Estas recomendaciones sobre las inserciones de catéter venoso central, aparte de aplicar cierta preparación antiséptica sobre la piel, exigen también que los médicos y enfermeras que realizarán el procedimiento utilicen batas, mascarillas y gorras esterilizadas, y el uso de cobertores esterilizados grandes alrededor del sitio de inserción.

Pero, la Dra. Perl no tardó en descubrir que tener protocolos establecidos no implicaba automáticamente el éxito. “Pronto se hizo evidente que no podíamos simplemente legislar el cambio.” 

Mediante un subsidio por cinco años de $US 400.000 anuales otorgado por los CDC con el propósito de difundir las mejores prácticas para la inserción de catéter venoso central, el Departamento de Control de Infecciones lanzó una enérgica intervención en agosto de 2002 para reducir las infecciones sanguíneas en la UCIM y en la UCI de Cardiocirugía. La misma buscaba además apuntalar los esfuerzos ya en curso de la UCI de cirugía encabezados por la cirujana Pam Lipsett y el anestesiólogo Todd Dorman.

El Centro para Innovación en la Calidad de Atención al Paciente intervino con el apoyo salarial necesario para que la epidemióloga Sara Cosgrove pudiera implementar un programa educativo intensivo en las unidades. Control de Infecciones, por su parte, creó un modulo de entrenamiento, con base en la Web, que era obligatorio para todos los residentes que rotaban por las unidades y un prerrequisito para la renovación de credenciales de los médicos

La ayuda del centro de innovaciones, según señala la Dra. Perl, ha sido invalorable para derrumbar las barreras burocráticas que obstaculizan el acceso a los productos, el apoyo de los líderes de Hopkins Medicine y la inclusión de los proyectos de reducción de infecciones de catéter venoso central dentro del programa institucional de seguridad del paciente.

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Las expertas en el control de infección Sara Cosgrove, izquierda, y Trish Perl descubrieron que cambiar las prácticas pasadas requiere educación y políticas basada en evidencia científica.  

Las dos UCI donde se inició el proyecto también adoptaron de la UCI de cirugía la idea de adquirir un carro especial donde almacenar todo el material esterilizado necesario para la inserción de los catéteres venosos centrales. “Descubrimos,” explica la enfermera Debbie Hobson que es jefa del comité de mejoramiento de desempeño de esta UCI de cirugía, “que algunas veces los residentes no usaban todos los materiales porque perdían demasiado tiempo tratando de encontrarlos.”

Asimismo, las unidades tomaron la iniciativa de efectuar cambios más allá de lo que cubrían los protocolos. La UCIM, por ejemplo, adquirió un equipo de ecografía que muestra la ubicación de las venas para guiar la colocación de la aguja del catéter. “Los datos demuestran que esto contribuye a reducir infecciones al limitar los pinchazos innecesarios,” indica Dana Moore.

Desde que comenzó este empuje exhaustivo por parte de tantos para tratar el problema de las infecciones sanguíneas, señala la Dra. Perl, Hopkins ha tenido más éxito en reducir las tasas de infección que cualquiera de las otras instituciones subsidiadas por los CDC, incluyendo Washington University y el Colegio Médico de Virginia. “Todo el mundo quiere atribuirse crédito por este logro,” agrega, “y eso no tiene nada de malo. Más bien demuestra que todos tenemos intereses puestos en el programa.”

 
 
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