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Novedades médicas de Hopkins

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Noviembre de 2004

1.  Medicamento antipsicótico se vincula con la resistencia a la insulina en niños
2.  El “radar” de las células cancerosas no detecta dosis bajas de radiación
3.  La misteriosa aceleración del ritmo cardiaco: ¿Será una rara onda eléctrica la clave?
4.  Conozca a su colega:  El Dr. John McDonald, Neurólogo
5.  Ahora en www.jhintl.net: Bienvenido a la galería de videos de Hopkins; “Novedades Médicas” ahora disponible en más idiomas.

1.  Medicamento antipsicótico se vincula con la resistencia a la insulina en niños
Investigadores de Johns Hopkins indican que un grupo de fármacos conocido como “antipsicóticos atípicos”, frecuentemente usados para tratar la agresividad, el trastorno bipolar y la esquizofrenia en niños, puede desencadenar resistencia a la insulina. Esta condición aumenta el riesgo de desarrollar más tarde diabetes del tipo 2 y cardiopatías. Los resultados de este estudio se presentaron en la reunión anual de la Academia Americana de Psiquiatría del Niño y el Adolescente celebrada el pasado 20 de octubre. “La resistencia a la insulina observada  en estos niños fue mayor que la prevista sólo por el aumento de peso, lo cual sugiere que existe otro factor fuera del exceso de peso que induce directamente la resistencia a la insulina,” señala el psiquiatra Mark Riddle, autor principal del estudio.  

En general, esta nueva generación de antipsicóticos provoca menos efectos secundarios que los fármacos anteriores y ha logrado tratar exitosamente a gran número de niños desde que se introdujo en los años noventa. “Todo tratamiento es siempre una cuestión de equilibrar los riesgos y beneficios,” agrega el Dr. Riddle. “Es obvio que estos medicamentos son una opción importante de tratamiento. Pero la diabetes y la cardiopatía son serios problemas de salud, de manera que también es importante seguir investigando esta aparente relación entre los antipsicóticos atípicos y la producción y absorción de la insulina.” Si los resultados del estudio se confirman por medio de estudios de seguimiento más amplios, el Dr. Riddle indica que el monitoreo de efectos secundarios en el metabolismo pasará a ser una práctica estándar entre los médicos que prescriben antipsicóticos atípicos a sus pacientes pediátricos.  

2.   El “radar” de las células cancerosas no detecta dosis bajas de radiación
Nuevas investigaciones muestran que las dosis bajas de radiación pueden eludir el “radar” que detecta daño del ADN y, en efecto, destruir más células cancerosas que las dosis de radiación altas. Apoyándose en estos hallazgos, los científicos creen que podrán diseñar terapias que permitan desactivar este mecanismo detector y eliminar masivamente las células de cáncer. Los investigadores de Hopkins probaron esta estrategia de dosis bajas de radiación en cultivos de líneas celulares de cáncer de colon y de próstata y descubrieron que destruía el doble de células que la radiación más alta. El mayor poder destructor del tratamiento con dosis bajas fue el resultado de la supresión de la ATM (ataxia telangiectasia mutada), una proteína que funciona como un radar que detecta daño del ADN e inicia la reparación. El Dr. Ted DeWeese, oncólogo radiactivo al frente del estudio, presentó la evidencia el mes pasado en la reunión anual de la Sociedad Americana de Radiología y Oncología Terapéuticas.

El Dr. DeWeese especula que las células alcanzadas por las dosis pequeñas de radiación no logran activar el radar de la ATM, evitando así que se inicie el proceso de reparación. “La reparación del ADN no es un proceso perfecto, puede conducir a errores que luego pasan a otras generaciones de células,” señala. “Una célula muerta es mejor que una célula mutante, de modo que si el daño es menor, las células mueren en lugar de arriesgarse a una reparación.” Por otra parte, la radiación en dosis altas provoca enorme daño del ADN y muerte celular extensa. Esto hace que se active el mecanismo detector de daño de la ATM a fin de preservar la mayor cantidad posible de células, protegiendo también, irónicamente, las células de cáncer que se intenta destruir con la radiación. Actualmente, los científicos de Hopkins están estudiando formas de utilizar virus que puedan llevar a las células agentes bloqueadores de la ATM.

3.  La misteriosa aceleración del ritmo cardiaco: ¿Será una rara onda eléctrica la clave?
En personas que sufren de taquicardia, generalmente un artefacto implantado puede regresar el acelerado bombeo de sangre al ritmo normal aplicando pulsos eléctricos al corazón. Pero en algunas ocasiones, dando un giro que los médicos no pueden explicarse, estos pulsos para controlar la taquicardia producen el efecto opuesto: un latido mucho más rápido y peligroso. Estimulando eléctricamente las células cardiacas en el laboratorio y graficando luego el cambio de la actividad eléctrica, es posible que los ingenieros biomédicos de Hopkins hayan encontrado la respuesta a este misterio. En la edición del 26 de octubre de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (Proceedings of the Nacional Academy of Sciences), los investigadores proponen que la aceleración de los latidos puede atribuirse a unas ondas eléctricas poco convencionales llamadas “espirales multibrazos”. Este hallazgo podría conducir a perfeccionar la próxima generación de desfibriladores implantables usados en pacientes con ritmo cardiaco anormal. “Actualmente, estos artefactos pueden ser programados por el médico para descargar diferentes combinaciones de pulsos eléctricos, pero a pesar de que existen algoritmos estándar, el óptimo aún se desconoce,” indica la ingeniera biomédica Leslie Tung, Ph.D., coautora del estudio y directora del laboratorio donde se realizaron las investigaciones.

4.  Conozca a su colega: El Dr. John MacDonald, Neurólogo
Durante años, Hopkins ha estado a la vanguardia de la investigación y el tratamiento clínico para la parálisis y la médula espinal. Ahora, con la integración del Dr. John McDonald III, Ph.D. a su equipo, el ritmo en este campo avanzará  a pasos agigantados. Recién llegado de Washington University en Saint Louis, el Dr. McDonald, médico del fallecido actor Christopher Reeve, lidera actualmente una novísima iniciativa para la recuperación de la parálisis y la médula espinal con sede en el Instituto Kennedy Krieger, entidad afiliada a Johns Hopkins que se especializa en problemas de desarrollo infantil. Además, el médico cumple funciones en los Departamentos de Neurología, Ciencias Neurológicas y Medicina Física y Rehabilitación de la Facultad de Medicina de Johns Hopkins.

El Dr. McDonald atenderá a niños, adolescentes y adultos con lesiones agudas y crónicas debidas a traumatismo, defecto congénito o enfermedad, utilizando “terapias de recuperación basadas en actividades” para el tratamiento de pacientes con lesiones de la médula espinal. Uno de sus descubrimientos más importantes ha sido que, con frecuencia, las claves de la recuperación se encuentran en el sistema nervioso central, y que puede haber mejoras incluso muchos años después de ocurrida la lesión. Sus investigaciones en colaboración sobre la patofisiología subyacente de la recuperación de la parálisis y la médula espinal han intrigado a científicos del mundo entero. Lea la entrevista completa al Dr. MacDonald en la próxima edición de International Physician Update, que saldrá a fines de noviembre. Si desea recibir esta publicación gratuita, escriba por correo electrónico a jhis@jhmi.edu.

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