|
International Physician Update
Finalmente aquí, la RM intraoperativa prueba lo que vale
 |
|
| Steve Brooks, recuperandose, con sus hijas Zarah y Celeste. |
|
| |
|
A pesar de su lento crecimiento, los tumores cerebrales conocidos como craneofaringiomas pueden ser extremadamente difíciles de extirpar. Las lesiones se extienden dentro del tejido cercano al hipotálamo y la silla turca del cráneo, cavidad ósea donde se aloja la pituitaria. Eso dificulta en gran medida la extirpación total. A medida que se extiende el tumor, a menudo es necesaria una segunda o hasta una tercera intervención.
Pero en Hopkins, un nuevo equipo de resonancia magnética (RM) —una versión compacta para uso en quirófano— está revirtiendo a favor del paciente los resultados del craneofaringioma, además de otros tumores como los gliomas de bajo grado. Básicamente, el aparato dibuja lo que debe extirparse. “Nuestro equipo de RM intraoperativa ha estado en uso menos de seis meses,” señala el neurocirujano Alejandro Olivi, “pero ya hemos podido ver una resección mucho más completa de tumores.”
Un ejemplo es el caso de Steve Brooks, esposo y padre de familia de 42 años, que recientemente fue paciente del Dr. Olivi. Hace tres años, se sentía agobiado por la fatiga. Los endocrinólogos de su centro médico local le diagnosticaron baja producción de hormona de la tiroides. “Efectivamente era lo que tenía,” dice el Sr. Brooks, “pero no había nada que lograra corregirla.”
Estudios realizados en un hospital cercano sugirieron la presencia de un tumor en la pituitaria, y fue sometido a cirugía transesfenoidal: llegando a la silla turca a través de la nariz, los senos y la base del cráneo. Descubrir que se trataba de un craneofaringioma no le perturbó. Seguía sintiéndose bien después de la operación.
No obstante, en un par de meses, empezó a tener problemas para conducir. “Iba conduciendo calle abajo y las líneas divisorias se me cruzaban.” También tenía problemas con la visión periférica. Era obvio que la recurrencia del tumor le estaba afectando la vista. Cuando el Sr. Brooks llegó a Hopkins, el Dr. Olivi programó cirugía inmediata para poder salvarle la vista: una craneotomía derecha fronto-temporal. Una segunda cirugía transesfenoidal hubiera permitido acceso total, explica el neurocirujano, pero era muy peligrosa tan poco tiempo después de la primera. “Mi meta era aliviar la presión sobre los nervios ópticos,” indica el Dr. Olivi, a pesar de saber que sería imposible extirpar una parte del tumor.
En el mes de abril, habiéndose recuperado el paciente del problema de la vista y de las operaciones anteriores, el Dr. Olivi intervino nuevamente para eliminar los residuos del tumor. Pero esta vez, tenía a la mano la RM intraoperativa. En un quirófano recién ampliado y revestido, el imán hidráulico del equipo se ajustó en su lugar por debajo de la mesa de operaciones, sosteniendo la cabeza del Sr. Brooks para proceder a un estudio preoperatorio.
“Viendo la imagen intensificada por la RM pude evaluar los márgenes del tumor y el posible tejido residual,” señala el especialista. “Antes de cerrar, elevamos nuevamente el imán para examinar el sitio quirúrgico. No quedaba rastro del tumor. Al día siguiente, pudimos confirmarlo repitiendo el estudio con el equipo de mayor resolución que tiene el hospital.” En cuanto al Sr. Brooks, que ya regresó a su trabajo, la fotografía de arriba lo dice todo.
|