 |
International Physician Update
Mayor sobrevida para los pacientes con cáncer del hígado
 |
|
| Michael Choti, M.D. |
|
| |
|
Mediante el uso más agresivo de la ecografía, con la cual se traza un mapa a los tumores del hígado, y los nuevos instrumentos quirúrgicos que permiten llegar a ellos y extirparlos, los cirujanos de Hopkins están descubriendo que los tumores antes considerados inoperables ya no existen. Como resultado de ello, están logrando prolongar la vida de los pacientes con cáncer del hígado.
“Estamos obteniendo mejores y mejores resultados,” señala el cirujano Michael Choti a propósito de pacientes que han sido operados de tumores derivados de un cáncer colorrectal. “En años pasados, sólo el 30 por ciento de los pacientes seguían vivos cinco años después de la cirugía, pero nuestra experiencia más reciente ha demostrado que ahora el 50 por ciento de pacientes sobrevive ese período” (Anales de Cirugía, junio de 2002).
Según el Dr. Choti, esos resultados se deben, en parte, a los adelantos en las técnicas de obtención de imágenes, como la tomografía computarizada, la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés), que permiten determinar con exactitud cuáles pacientes son los mejores candidatos para la cirugía.
Luego, cuando estos pacientes se encuentran en la mesa de operaciones, el Dr. Choti hace algo que no todos los cirujanos hacen: pasa un transductor ecográfico por encima del hígado expuesto para trazar una trayectoria hasta el tumor que minimizará el daño al tejido sano del hígado. Compara esta técnica con la capacidad que tendría un jardinero de ver las ramas, o vasos sanguíneos, que debe podar. Después, usando los últimos instrumentos quirúrgicos para dividir y poner grapas que le permiten cauterizar los vasos sanguíneos y tejidos antes de cortarlos, consigue llegar hasta el tumor con la mínima pérdida de sangre de este órgano tan vascularizado.
“Gracias al uso agresivo de la ecografía intraoperativa y a estos nuevos aparatos nos es posible cortar a través del hígado prácticamente sin sangrado,” indica el Dr. Choti. “Podemos hacer mapas de las líneas de corte, disminuir el sangrado, operar en forma más agresiva y más segura, y lograr excelentes resultados.”
El combinar la quimioterapia (o quimioembolización) y la cirugía con mayor frecuencia, al igual que repetir las operaciones, agrega el Dr. Choti, contribuyen también a prolongar la supervivencia.
Para muchos pacientes que no son candidatos para operarse porque el cáncer se halla demasiado extendido o porque no gozan de buena salud, el cirujano se vale del tratamiento de ablación por radiofrecuencia para destruir las lesiones con calor. Ya sea en una operación abierta o en un procedimiento laparoscópico mínimamente invasivo a través de una pequeña incisión abdominal, el Dr. Choti introduce una delgada sonda eléctrica dentro de cada lesión. Luego una corriente eléctrica pasa a través de los electrodos haciendo que se calienten hasta una temperatura de aproximadamente 100° C, lo cual produce una cauterización lenta pero fatal.
Un estudio realizado en Italia en 1999 demostró que en pacientes con tumores pequeños de cáncer primario del hígado, la ablación por radiofrecuencia destruyó el 93 por ciento de las lesiones sin provocar complicaciones ni recurrencia de los tumores. En otro estudio europeo de un grupo de 29 pacientes con tumores del hígado más grandes, el 66 por ciento de ellos fueron eliminados sin complicaciones ni recurrencia.
|
|
|