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International Physician Update

JULIO 2003   
   






Investigador instala laboratorio en Singapur para estudiar un tipo raro de cáncer

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La familia Hsieh en el puerto de Singapur: Francesca, Katherine y Wen Son.

 
   
El virus de Epstein-Barr (EBV, por sus siglas en inglés) es un patógeno misterioso con el cual  la mayoría de la gente en el mundo se encuentra alguna vez en su vida, sin siquiera darse cuenta. En los adultos jóvenes saludables, el EBV puede ocasionar la mononucleosis o, en algunas personas con sistemas inmunes seriamente deprimidos, puede desencadenar ciertos tipos de linfoma. En general,  todos desarrollamos inmunidad al virus sin habernos enfermado nunca.

Sin embargo, en ciertas personas del Asia, particularmente las del sur de China, este mismo virus actúa en forma mucho más peligrosa: provoca que se extienda un tumor de tejido endotelial  en la nariz y la garganta, llamado carcinoma nasofaríngeo.

La buena noticia es que un equipo de científicos de Hopkins ha estado haciendo grandes progresos en la comprensión de este desconcertante virus. Por ejemplo, el grupo ha descifrado en qué forma el EBV se esconde dentro de las células cancerosas, e inclusive ha diseñado un plan para tratar el carcinoma nasofanríngeo. Wen Son Hsieh, un médico que se está subespecializando en esta área, tenía la esperanza de continuar esos estudios, pero se encontró con un problema. Necesitaba estudiar el cáncer en pacientes, pero lamentablemente en los Estados Unidos no aparecen muchos pacientes que padecen de carcinoma nasofaríngeo.

Más tarde, el Dr. Hsieh recibió una magnífica oferta de trabajo de parte del oncólogo Richard Ambinder, jefe del equipo científico. El Dr. Ambinder le preguntó si le gustaría pasar tres años como investigador en el flamante hospital de Hopkins en Singapur. Esta ultramoderna instalación hospitalaria, llamada Johns Hopkins en Singapur, funciona en colaboración con el Hospital de la Universidad Nacional de Singapur, que tiene planeado convertirse en el principal centro de tratamiento de cáncer en esa parte del mundo. El contar con la presencia del Dr. Hsieh en Singapur, dice Ambinder, “de pronto, nos da la oportunidad de encontrar respuestas a preguntas cruciales. ¿Cuál es el papel que desempeña el virus? ¿Por qué estaba causando este cáncer y no otros?”

En esta pequeña isla, el Dr. Hsieh encontró un país que rebosaba de energía e interés en las ciencias médico biológicas. “Singapur,” indica, “está creando la infraestructura para convertirse en un líder en el campo de la medicina. Tomar parte en el desarrollo desde de los cimientos es algo impresionante, y debido a que las decisiones de financiamiento o sobre la construcción generalmente son tomadas por un pequeño grupo de personas, las cosas pueden llevarse a la práctica rápidamente.”

Ahora, el investigador puede ver cada semana hasta cinco pacientes enfermos con el misterioso cáncer que está investigando. Esta enfermedad, que es más prevalente en hombres que en mujeres, se presenta con los mismos síntomas que un resfrío común: bloqueo del oído, congestión y hemorragias nasales.  Es una enfermedad de familia, pero nadie sabe exactamente por qué esta población del sur de Asia corre particular riesgo de contraerla.

Una de las tácticas que el médico empleará en los ensayos clínicos es una vacuna que ataca a las proteínas del EBV para empujar al sistema inmune a que ataque primero al virus y luego al tumor. El Dr. Hsieh usará también un agente quimioterapéutico llamado 5-azacitidina para intentar bloquear la avalancha destructiva que desencadena el virus una vez dentro de la célula. Es posible que ambas tácticas también puedan funcionar con otros cánceres.

Los pacientes de Singapur generalmente hacen menos preguntas que los americanos sobre los posibles nuevos tratamientos, opina el Dr. Hsieh, pero es igual de probable que digan que no cuando se trata de someterlos a pruebas. Su conocimiento del mandarín, uno de los idiomas principales de China, ha demostrado claramente ser una ventaja para poder explicar a los pacientes los pros y los contras de participar. “Las preguntas que hacen los pacientes,” señala, “son casi las mismas que en casa, y la mayoría de ellos están muy bien informados. Obtienen la información por Internet.”

Pero como casi respecto a todo lo demás, lo que el Dr. Hsieh siente principalmente al practicar la medicina en este diminuto pero radiante país en el otro lado del mundo es un entusiasmo contagiante, “distinto de cualquier otra experiencia que se podría tener en los Estados Unidos o Europa. Puedo imaginarme,” dice, “quedarme en este lugar por mucho más de tres años.”  

 

 
 
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