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International Physician Update

JULIO 2003   
   





Llevando a otro nivel el tratamiento mínimamente invasivo de aneurismas, con gran precaución

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El cirujano José Parra muestra la forma en que un injerto, que se introduce a través de un catéter, puede sellar un aneurisma. 

 
   
El cirujano vascular José Parra realiza una incisión de 2.5 cm en la ingle del paciente.

A continuación, utilizando la técnica de radiografía en tiempo real, inserta un catéter que lleva comprimido adentro un pequeño tubo de malla de alambre de 15 cm de largo (stent cubierto o prótesis endovascular con injerto; stent graft, en inglés). Va haciendo pasar el catéter por el interior de la arteria femoral hasta llegar a la aorta y de ahí a la parte donde se encuentra un aneurisma a punto de romperse, lo cual ocasionaría la muerte del paciente.

Una vez que el stent cubierto está en el lugar preciso, el cirujano hala un pequeño hilo que libera el tubo de malla autoexpansible, con lo cual queda sellado el saco abultado que se había formado en la arteria. Inmediatamente después, la sangre comienza a circular a través del tubo injertado.

De esta manera no sólo ha quedado reparado el aneurisma, sino que también se ha evitado tener que someter a cirugía mayor a otro paciente más.

Lamentablemente, explica el Dr. Parra, no todas las técnica para tratar los aneurismas en forma menos invasiva han tenido éxito. De hecho, las primeras experiencias demuestran que los cirujanos con frecuencia prescribían el procedimiento más veces de las que eran necesarias.

“Cuando se trata de forzar la técnica del catéter  más allá del límite, no siempre hay buenos resultados,” señala el cirujano.

El Dr. Parra indica que es un poco difícil determinar si la mejor forma de reparar un aneurisma es a través de una técnica mínimamente invasiva o de una operación abierta. Entre los factores a considerar están el tamaño y ubicación del aneurisma además del estado general de salud del paciente.

Por otra parte, con la técnica del catéter únicamente se remienda el aneurisma con el stent de la misma manera que se parcha la llanta pinchada de una bicicleta. La cirugía, en cambio, elimina el aneurisma y el riesgo de que se forme nuevamente. Por esta razón, el Dr. Parra y sus colegas están adoptando un enfoque más conservador, evaluando con cuidado la anatomía y la condición de la salud del paciente e inclinándose por la operación en caso de tener dudas.

“Ahora estamos volviendo a evaluar en cuáles pacientes debiéramos colocar estos stents,” explica el cirujano. “Lo importante es acudir a un centro que tenga personal con gran experiencia en ambas áreas.”
El Dr. Parra agrega que Hopkins tiene planeado instalar una suite quirúrgica endovascular dotada de la última tecnología para obtención de imágenes y de los equipos quirúrgicos más avanzados. “Resultará mucho mejor para los pacientes porque nos permitirá movernos con mayor rapidez y en forma más segura.”

 

 
 
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